Para quienes dicen que somos busca huesos, los hijos de esta mujer, sólo querían un entierro digno. Es Catalina Muñoz, fusilada en septiembre de 1936 por ser esposa de un dirigente republicano. Tenía varios hijos en el momento de su ejecución, uno de ellos de ocho meses. Y al paredón se llevó en el bolsillo del mandil, su sonajero.

Un sonajero

En una exhumación realizada en el cementerio de la Carcavilla (Palencia) por Almudena García Rubio, se halló un sonajero de plástico y de colores al lado del cadáver de una mujer. «Estaba tan nuevo que no parecía de la Guerra Civil», dice González-Ruibal. Resultó ser el cuerpo de Catalina Muñoz, fusilada en septiembre de 1936 por ser esposa de un dirigente republicano y participar en la muerte de un falangista. Tenía varios hijos en el momento de su ejecución, uno de ellos de ocho meses. Y al paredón se llevó, en el bolsillo del mandil, su sonajero. «Los arqueólogos contactaron con el hijo [el del juguete] y dijo que no quería saber nada», expone el investigador. «Eso es lo mas terrible de la historia, de que la guerra fue hace 80 años pero sus efectos siguen aquí, hoy.