Carmen García Pellón, de 91 años e hija de un concejal republicano fusilado en 1936, tuvo que acudir al juzgado de paz a un acto de conciliación con el alcalde de Yesa, Roberto Martínez, que le instó a retractarse de su testimonio en una investigación histórica por haber acusado al abuelo del edil, alcalde franquista del pueblo navarro, de apropiarse de unas tierras. Este jueves conversó con NAIZ, un día antes de recibir el Galardón asturiano Pozu Fortuna 2019, en su categoría Exterior, otorgado por la Asociación Foro Pozu Fortuna en colaboración con el Ayuntamiento de Mieres.

«Entre el militar y el clero se han quedado con todos los comunales de Esa»

IBAI AZPARREN|2019/10/25

¿Qué recuerda del día en el que se llevaron a tu padre?
Tenía ocho años cuando dos guardias civiles y un aguacil llamaron a la puerta de casa. Mi padre era concejal de Esa y miembro de la UGT. Aquella noche venía del huerto. Mi madre y yo fuimos al cuartel y todos estaban atados con una cadena, de esas de los perros. Atados alrededor de la mesa. Mi madre me dijo: «Dale un beso a tu padre que no lo verás nunca más».

¿Les dijeron que se los llevaban a declarar a otro cuartel?
Sí. Por la noche nos asomábamos a la ventana, esperando a ver si se lo llevaban. Finalmente, vino una camioneta y se los llevaron como a las dos de la mañana. Los mataron en Monreal. «Me parece que se ha muerto tu padre», le decía uno del pueblo a un hermano mío. «No se ha muerto, nos lo han matado», contestaba mi hermano. Esta es nuestra historia y seguimos marcados, en vez de ser ellos los criminales, estamos nosotros encogidos con ellos.

¿Los restos de aquellos fusilados, incluidos los de su padre, continúan en Monreal?
Sí. En los setenta vino un hombre a Monreal con un coche, escondido. Él nos dijo dónde estaban. Fuimos con una excavadora  a buscar los restos pero no encontramos mucho; unos pocos huesos… Como había tanto miedo, no hicimos nada. Allí están, en Monreal, en el pueblo a la derecha, allí los fusilaron. Qué gozada.

Además, incautaron parte de sus tierras y también otras comunales.
Se han quedado todas las tierras comunales, se han quedado con todo. Se han quedado con una casa que tenía mi abuela. Fuimos con el inscrito de mi abuela, que había comprado ese terreno y resulta que ahora dicen que una parte es del Ayuntamiento. Era un terreno que teníamos, de cinco robadas. Se han quedado con todos los comunales de Esa entre entre el militar y el clero.

¿Precisamente, por denunciar aquella represión económica, Roberto Martínez, el anterior alcalde, la llevó ante el juez de paz para que se retractase de sus palabras?
Sí. Su abuelo, alcalde franquista de Esa, fue uno de los que se apropiaron de las tierras. No habría matado, pero se apoderó de todo. Los otros alcaldes que han estado se han aprovechado de todo. Alguno me dijo que tenía la vida solucionada por el dinero que tenía en alguna cuenta de Suiza.

¿Usted rechazó retirar aquellas afirmaciones?
Claro, ¿cómo me voy a retractar? No lo voy a quitar, si lo que digo es la pura verdad. No hubo más, no hubo querellas, no he tenido nada más.

¿Este caso tuvo repercusión en su pueblo?
Hombre, los que han sido los que han intervenido en toda la matanza pues te miran de medio lado. Los que han sido alcaldes tienen terrenos, casas y de todo. Todos han ido a chupar. Eso es lo que hemos tenido.

Después del fusilamiento de su padre, su familia continuó viviendo en Esa.
Es duro, pero mis hermanos se metieron de peluqueros. Entonces no hemos tenido tantas represalias porque teníamos una peluquería. Teníamos gallinas, cabras y cerdos, y mi madre siguió con eso. Y así hemos vivido, con toda esta pandilla. Con la cabeza agachada. ¿Llorar? Mi madre ha llorado mucho, la pobre de ella se iba donde teníamos las gallinas y se sentaba a llorar.

Suena contradictorio que haya más de 3.400 asesinados en Nafarroa y nadie haya tenido que acudir ante un tribunal, mientras que usted ha tenido que cinoarecer por denunciar lo ocurrido.
Ya ves. Después de tantos años siguen los mismos. Los mismos perros con distintos collares. Son los nietos de los que pensaban así. Y piensan igual.

Por otro lado, este viernes le entregan el galardón Pozu Fortuna en Mieres (Asturias).
Me parece bien, pero estoy llorando porque no quiero ningún galardón, quiero decir la verdad. Quiero decir lo que hicieron, que mi madre lloró muchísimo y que yo tenía ocho años y mis hermanos diez y doce cuando mataron a mi padre.

Muchas de las exhumaciones en Nafarroa parten de testimonios de gente que lo vivió, otros todavía siguen con miedo y no dan ese paso.
Todavía hay miedo a represalias. Cuando fuimos a las cunetas entonces sí que nos daba miedo, porque el hombre que vino con un coche a decirnos dónde estaban se tuvo que marchar del pueblo sin que le viese nadie. Yo no he tenido miedo. Pero, en medio de todo, he vivido muy feliz con mis hermanos que me adoraban. Estábamos con mi madre encantados de la vida.

¿Qué siente el día en el que se ha exhumado al dictador Franco?
Me parece muy bien que lo hayan sacado. Porque si están ahí a los que ha matada, ¿por qué va a estar él con ellos? ¿Qué motivos tienen?.