INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

“Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos, para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas.”

Mola, el director de la conspiración, en los meses previos al golpe de estado fue dando estas consignas a sus colaboradores. El mismo día 19 de julio volvió a recordársela a los alcaldes de Navarra:

“Hay que sembrar el terror; hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros.”

Los grupos comprometidos con la conspiración fueron preparándose para cumplir las directrices del jefe. Inmediatamente comenzaron a ocupar las sedes de partidos, sindicatos, prensa y demás organizaciones republicanas.
Pero lo peor no tardaría en llegar, puesto que en paralelo a las ocupaciones de sedes se iba deteniendo a la gente.  Unos detenidos eran directamente asesinados. Otros, encerrados en los diferentes lugares de detención: cárcel de Iruñea, fuerte de San Cristóbal y los propios centros semiclandestinos que  instalaron los requetés y falangistas en la capital. De allí los iban sacando los matones, tras el simulacro  de una orden de puesta en libertad firmada por el  Gobernador Civil u otro de los responsables de la cárcel. De esta manera, Navarra se fue llenando de fosas, de las que se han localizado unas 120.

Se calcula que más de 3600 navarros fueron vilmente ejecutados por sus ideas, siendo sus cuerpos abandonados en el campo, teniendo que ser enterrados por los aterrorizados vecinos de los pueblos cercanos a la fosa.

Nuestra cendea, como otras cendeas y valles que rodean a la capital, fue escenario de muchos de estos crímenes. Se han localizado en ella 9 fosas: Arazuri; Asiain (Puente de Hierro); Ibero (Las Tres Cruces);  Ibero (Puente de los Ladrones); Lizasoain (Muga de Olza); Lizasoain (Puente de Zubimakurra ); Ororbia (Cementerio); Ororbia (Indeterminado) Ororbia (Lezkairu).

Se ha podido encontrar información de 112 personas represaliadas, de ellas 73 asesinadas, originarios de una docena de localidades: la propia Cendea, Atarrabia, Burlada, Iruña, Larraga,  Mélida, Uharte Arakil, Valdizarbe, Obanos, Ondarroa, Caparroso y Berbinzana. En su inmensa mayoría, los asesinatos se produjeron en los primeros meses posteriores al Alzamiento.

Muchos de los represaliados eran militantes de los partidos republicanos (PCE, PSOE, Izquierda Republicana, PNV, ANV), así como de organizaciones sindicales (UGT, CNT, ELA-STV). Otros no tenían significación política declarada, siendo víctimas todos ellos de una campaña de terror y escarmiento perfectamente diseñados en los meses que precedieron al golpe.

Tras esta masacre, se impuso el silencio y el olvido, en un clima de miedo creado por la dictadura franquista. Fueron tiempos de mentiras, de intimidación,  donde las familias republicanas eran condenadas al silencio, bajo la amenaza de que si hablaban o protestaban podían correr la misma suerte que los enterrados en las fosas.
A pesar de esas amenazas, hubo personas que mantuvieron vivo el recuerdo de estos hechos, e incluso llevaron a cabo arriesgadas acciones para rescatar los cuerpos de sus seres queridos.

En los últimos años, gracias a los grupos de la memoria, y a otros muchos colaboradores, se ha podido recuperar la memoria de aquellas víctimas rescatándolas del olvido impuesto por décadas de dictadura. A Juan Pedro Herranz le mataron a su padre en Ororbia y a sus hermanos Paco y Angel en Etxauri, en la inauguración del parque de la memoria en Etxauri decía con inmenso cariño y una gran amargura.

“Camaradas hoy habéis dejado de ser desaparecidos. Yo se que me podéis oír.
Angel, Paco os asesinaron en la puerta del cementerio la víspera de Jueves Santo. No os enterraron, era semana santa, no se podía trabajar, esperaron la autorización del cura. Nuestra madre murió en 1978, con la esperanza de que a la muerte de dictador se abrieran las cunetas. No fue así. El pacto entre partidos lo impidió, uno de ellos el vuestro.

Angel, Paco vuestro partido por el que disteis la vida, os traiciono; Os dejo en las cunetas, aceptando gobiernos contaminados por criminales de guerra.

Angel, Paco, reposáis en un paraje muy bonito, muy próximos (yo lo creo así, y lo averiguaré), donde reposa nuestro padre.

Tenéis una familia que no os olvida, os contare cosas que no pueden oír siniestros personajes de la política institucional. Incluso los vuestros. Por que como enemigos son peligrosos” 

Ahora, 80 años más tarde del inicio del golpe, se ha elaborado un mapa de las fosas, exhumado e identificado varios de los restos y levantado un parque de la Memoria para perpetuar su recuerdo y dar a conocer el horror de la represión durante la guerra y dictadura.

Material extraído del libro:
OLTZA 1936. Víctimas de la represión en la Zendea.
(Altaffaylla, 2016)
Autores: Jesús Aldaba y Joaquín Iraizoz.